miércoles, 10 de julio de 2013

Cancelar lo soñado


Espero a que el tren se pare del todo y las puertas se abran ante mi. Inspira espira, me recuerdo.
Miró hacia atrás; pero lo único que se vislumbra es una espesa capa de niebla que cubría a un tumulto de gente.
Dudo que hubiesen estado allí, tampoco me importaba. No pensaba derramar ni una sola lágrima por mi partida, por alejarme de ellos, ni por su ignorancia.
Me cubro el cuello con la bufanda y subo al tren. Al dar con mi asiento, me alivia descubrir que esta junto a la ventana y no hay nadie a mi lado.
Al poco el traqueteo comienza; en un principio brusco pero luego se va transformando en algo ligero.

Atravesamos ciudades, pueblos y campos; algún que otro río parece resistirse a nosotros, pues la velocidad disminuye a cruzar un puente. La gente comienza a murmurar que es mejor no mirar hacia abajo pues el vértigo te puede asaltar. Les ignoro y dirijo mi mirada al curso del agua que circula bajo nuestros pies tranquilo y veloz.
Tardamos un par de minutos en cruzarlo y dejarlo atrás. Todo se vuelve a sumir en el silencio absoluto, tan solo interrumpido de vez en cuando por el crujir hojas al ser pasadas o gente que se revuelve en su asiento.

Yo me dejo llevar por los sonidos, y poco a poco los párpados se me van cerrando. Cuando me despierto sobresaltada es al cabo de media hora; aun me quedaban alrededor de tres cuartos de hora para llegar a mi destino.

Sin querer, comienzo a divagar en el sueño; y comprendo que era mi subconsciente. Mis amigas, la muerte, el rechazo… Todo encajaba; claro que lo había trastocado, pues si no hubiese sido un recuerdo en vez de un sueño. Pero allí estaba, tan real como lo había estado el último mes.
Y ahora que mi familia me había rechazado, o lo que quedaba de ella; me dirigía hacia una pequeña casa solariega de los que en algún momento habían sido grandes poseedores de terrenos y dinero; pero ahora pertenecía a los padres de mi difunta amiga Ana. Sus padres al saber que me habían cerrado las puertas de mi hogar me habían acogido como a una hija.
Aun que no esperaba tardar demasiado para reunirme con el resto de mis amigas, pues íbamos a ir cayendo una a una. 

 
-->
Enciendo mi iPod y me sumo en el trance que ejerce la música sobre mi.

Antes  de que me dé cuenta el tren se vuelve a estacionar y la gente comienza a bajar de él. Espero unos segundos a que se disipe el atasco que han creado en las puertas y bajo yo también.
Me dirijo a recoger mis maletas y observo a la gente que espera en el anden, en busca de familiares, amigos, jefes… La verdad es que no hay tanta gente como esperaba. Entonces diviso a los padres de Ana y les saludo mientras me aproximo a ellos.
Eran una pareja peculiar; ella baja y menuda, con una larga cabellera rojiza y unos profundos ojos grises que había heredado Ana. Era simple a la hora de vestir y no le gustaba maquillarse demasiado ni ponerse joyas. Por el contrario Ángel, su marido; era un hombre alto y fornido, su pelo era oscuro y en el se comenzaban a ver algunas canas, solía tener una expresión sombría como si algo le atormentase; aun que él insistía en que era el efecto que creaban sus ojos al ser tan oscuros. Siempre iba pulcramente arreglado y peinado, incapaz de no planificar hasta el último detalle de su aspecto.

Pero en el interior ambos eran asombrosamente similares. Alegres y charlatanes. Eran un claro ejemplo de que el aspecto de una persona no debería engañarte sobre su interior. Y aquello les convertía en una pareja admirable.

Me sonrieron y Sol – la madre de Ana- se abalanzó a darme un abrazo y sendos besos en ambas mejillas.

-Por fin. Llevamos media hora esperándote, ¿Por qué ha sido el retraso?- pregunto entusiasta y a la vez con poco de preocupación.

-La verdad es que no lo se.- me resigne a contestar.

¿Habíamos tardado más de lo previsto? Apenas comenzar el trayecto había perdido la noción de todo.

-      Bueno no importa, ya estas aquí.- sentenció Ángel apretándome el brazo.
-      Si… Ya no aguantaba más allí. No me dejaban ni si quiera salir de casa.
-      No te preocupes cariño. A veces pasa, cuando un padre ve que no es capaz de hacer lo que debería, se resigna a… Bueno hacer lo que es más fácil.- me consoló Sol.
-      Lo peor es que me trataba como una loca o algo así.
-      Bueno aquí podrás hacer lo que quieras, además de seguir con las clases y el piano. Si aún quieres…- Comentó Ángel.

¡Pues claro que quería! Aquello es lo único que me retenía al pasado y no era doloroso. Además de que necesitaba práctica pues unos días antes del accidente me habían ofrecido una beca en una prestigiosa academia de música; y ahora debería aceptarla, pues no podría quedarme allí demasiado viviendo a costa de los padres de mi amiga.  
  De echo, en cuanto pudiese buscaría un trabajo.  

4 comentarios:

  1. Lucía (Y SE APAGÓ xDDDD okno) Has puesto que atraviesan ciudades y etc ¿Pero no se supone que va sola en el vagón? Es una duda existencial.

    ResponderEliminar
  2. Nooo, si lo pone. Que el asiento junto a ella esta vacio pero el vagon no. :)

    ResponderEliminar