Espero a que el tren se pare
del todo y las puertas se abran ante mi. Inspira espira, me recuerdo.
Dudo que hubiesen estado
allí, tampoco me importaba. No pensaba derramar ni una sola lágrima por mi
partida, por alejarme de ellos, ni por su ignorancia.
Me cubro el cuello con la
bufanda y subo al tren. Al dar con mi asiento, me alivia descubrir que esta
junto a la ventana y no hay nadie a mi lado.
Al poco el traqueteo
comienza; en un principio brusco pero luego se va transformando en algo ligero.
Atravesamos ciudades, pueblos
y campos; algún que otro río parece resistirse a nosotros, pues la velocidad
disminuye a cruzar un puente. La gente comienza a murmurar que es mejor no
mirar hacia abajo pues el vértigo te puede asaltar. Les ignoro y dirijo mi
mirada al curso del agua que circula bajo nuestros pies tranquilo y veloz.
Tardamos un par de minutos en
cruzarlo y dejarlo atrás. Todo se vuelve a sumir en el silencio absoluto, tan
solo interrumpido de vez en cuando por el crujir hojas al ser pasadas o gente
que se revuelve en su asiento.
Yo me dejo llevar por los
sonidos, y poco a poco los párpados se me van cerrando. Cuando me despierto
sobresaltada es al cabo de media hora; aun me quedaban alrededor de tres
cuartos de hora para llegar a mi destino.
Sin querer, comienzo a
divagar en el sueño; y comprendo que era mi subconsciente. Mis amigas, la
muerte, el rechazo… Todo encajaba; claro que lo había trastocado, pues si no
hubiese sido un recuerdo en vez de un sueño. Pero allí estaba, tan real como lo
había estado el último mes.
Y ahora que mi familia me
había rechazado, o lo que quedaba de ella; me dirigía hacia una pequeña casa
solariega de los que en algún momento habían sido grandes poseedores de
terrenos y dinero; pero ahora pertenecía a los padres de mi difunta amiga Ana.
Sus padres al saber que me habían cerrado las puertas de mi hogar me habían
acogido como a una hija.
Aun que no esperaba tardar
demasiado para reunirme con el resto de mis amigas, pues íbamos a ir cayendo
una a una.
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Enciendo mi iPod y me sumo en
el trance que ejerce la música sobre mi.
Antes de que me dé cuenta el tren se vuelve a
estacionar y la gente comienza a bajar de él. Espero unos segundos a que se
disipe el atasco que han creado en las puertas y bajo yo también.
Me dirijo a recoger mis
maletas y observo a la gente que espera en el anden, en busca de familiares,
amigos, jefes… La verdad es que no hay tanta gente como esperaba. Entonces
diviso a los padres de Ana y les saludo mientras me aproximo a ellos.
Eran una pareja peculiar;
ella baja y menuda, con una larga cabellera rojiza y unos profundos ojos grises
que había heredado Ana. Era simple a la hora de vestir y no le gustaba
maquillarse demasiado ni ponerse joyas. Por el contrario Ángel, su marido; era
un hombre alto y fornido, su pelo era oscuro y en el se comenzaban a ver
algunas canas, solía tener una expresión sombría como si algo le atormentase;
aun que él insistía en que era el efecto que creaban sus ojos al ser tan
oscuros. Siempre iba pulcramente arreglado y peinado, incapaz de no planificar
hasta el último detalle de su aspecto.
Pero en el interior ambos
eran asombrosamente similares. Alegres y charlatanes. Eran un claro ejemplo de
que el aspecto de una persona no debería engañarte sobre su interior. Y aquello
les convertía en una pareja admirable.
Me sonrieron y Sol – la madre
de Ana- se abalanzó a darme un abrazo y sendos besos en ambas mejillas.
-Por fin. Llevamos media hora
esperándote, ¿Por qué ha sido el retraso?- pregunto entusiasta y a la vez con
poco de preocupación.
-La verdad es que no lo se.-
me resigne a contestar.
¿Habíamos tardado más de lo
previsto? Apenas comenzar el trayecto había perdido la noción de todo.
-
Bueno no importa, ya
estas aquí.- sentenció Ángel apretándome el brazo.
-
Si… Ya no aguantaba más
allí. No me dejaban ni si quiera salir de casa.
-
No te preocupes cariño.
A veces pasa, cuando un padre ve que no es capaz de hacer lo que debería, se
resigna a… Bueno hacer lo que es más fácil.- me consoló Sol.
-
Lo peor es que me
trataba como una loca o algo así.
-
Bueno aquí podrás hacer
lo que quieras, además de seguir con las clases y el piano. Si aún quieres…-
Comentó Ángel.
¡Pues
claro que quería! Aquello es lo único que me retenía al pasado y no era doloroso.
Además de que necesitaba práctica pues unos días antes del accidente me habían
ofrecido una beca en una prestigiosa academia de música; y ahora debería aceptarla,
pues no podría quedarme allí demasiado viviendo a costa de los padres de mi
amiga.
De echo, en cuanto pudiese buscaría un trabajo.
De echo, en cuanto pudiese buscaría un trabajo.
EXIJO EL SEGUNDO CAPÍTULO e.e
ResponderEliminarLucía (Y SE APAGÓ xDDDD okno) Has puesto que atraviesan ciudades y etc ¿Pero no se supone que va sola en el vagón? Es una duda existencial.
ResponderEliminarNooo, si lo pone. Que el asiento junto a ella esta vacio pero el vagon no. :)
ResponderEliminarAh, valep :3
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